"De gurús y otras deidades"

José Ramón Valente

La Tercera,24/06/2012

 

 

En el casino, cuando hay un jugador en racha ganadora, la gente se agrupa a su alrededor, vitorea sus aciertos y lo anima a seguir jugando.

Si la racha es larga, la gente dirá que el jugador es “seco”, el crupier estará feliz con las propinas y de a poco el jugador se irá creyendo el cuento. El triunfo y los vítores de la gente muchas veces terminarán embriagando al jugador, que convertido en ídolo seguirá jugando, aunque un análisis estrictamente racional le indicaría que al final lo perderá todo.

Los triunfos en el casino son sólo producto del azar y aun así observamos comportamientos como los descritos en el párrafo anterior. El éxito en otras actividades como en los negocios, las inversiones o la política muchas veces también tiene un componente de suerte, igual que la ruleta, pero éste se mezcla con el talento, el esfuerzo y otras características que hacen más difícil separar el componente netamente fortuito.

Por lo mismo, es aún más común que los empresarios, inversionistas o los políticos exitosos sean vitoreados por la gente, los medios de comunicación y los crupieres que se benefician con las propinas de sus éxitos. Asimismo, es probable que muchos empresarios, inversionistas y políticos crean que efectivamente son seres dotados de un talento especial, aunque en muchos casos sus éxitos se deban al hecho de haber estado en el lugar correcto en el momento correcto más que a sus habilidades personales.


Los vítores de la gente, la borrachera del éxito y, sobre todo, la insistencia de las sanguijuelas, que se benefician de los éxitos de estas personas y que nada pierden con su fracaso, hacen que muchas veces las personas exitosas tomen malas decisiones.

En mi vida profesional me ha tocado ver con demasiada frecuencia cómo personas que le apuntaron a un par de acciones que subieron en la Bolsa, terminan perdiendo todo por creer que eran inversionistas iluminados. Me ha tocado ver cómo empresarios exitosos en un negocio creen que son como el rey Midas, que todo lo que toca lo convierte en oro, y sólo se darán cuenta años después que todo lo ganado en su primer negocio exitoso lo perdieron en sus siguientes emprendimientos.

Los grandes aciertos empresariales y políticos tienen dosis de talento y esfuerzo, pero también de oportunidad o suerte. Por lo mismo, aun poniendo el mismo esfuerzo y teniendo todo el talento necesario, la mayor parte de las veces los grandes éxitos no son repetibles.

Es por eso que inversionistas como Warren Buffett y empresarios como Steve Jobs, que sí han podido repetir sus éxitos, son tan escasos en el mundo de los negocios. Esto también explicaría por qué rara vez el segundo mandato de un presidente exitoso es mejor que el primero. ¿Cuánto mejor juzgaría la historia al ex Presidente Menem, de Argentina, si éste no se hubiera empeñado en presentarse a un segundo y un tercer período presidencial?


Mi recomendación para la gente exitosa es que sean sobrios en sus éxitos, conscientes de sus virtudes, pero sobre todo de sus debilidades. Que no se crean tanto el cuento cuando la gente los aplauda y la prensa los eleve a la categoría de “gurú”, pero sobre todo, que se cuiden de las personas que los adulan y los animan a tomar riesgos, en circunstancias que los costos de los fracasos van a ser sólo suyos, mientras que los éxitos van a ser compartidos con los aduladores.